Doc's

Doc s

HISTORIAS DE CONSULTORIO

HISTORIAS DE CONSULTORIO

Solcito, una paciente "rencorosa"

por M.V.Susana Cavallero
Solcito llegó a mi consultorio en una situación desesperante que sus dueños no comprendían. Tenía una infección muy avanzada en el útero y solo una cirugía podía salvarla. Vivía en una carpintería y los hombres que la cuidaban desde hacía diez años, no entendían nada de órganos femeninos. De modo que me fue difícil explicarles la gravedad y urgencia de la situación. No se decidían. Decidí operarla como fuera, con o sin el consentimiento de los dueños, porque la otra alternativa era la muerte.
Era una perrita pequeña, con pelo corto atigrado, hocico negro con los dientes de abajo sobresalidos, sin cola, las orejas arrepolladas y las patas flaquitas y chuecas. No la había rozado la belleza en ninguno de sus rasgos; era uno de esos adorables monstruitos a quienes solo sus dueños ven hermosos.
En la preparación para la cirugía empecé a renegar con su carácter chinchudo. De entrada quiso morderme. Una vez superado el problema, me topé con unas venas finas y tortuosas que se reventaban al primer pinchazo, aún con el más fino de los catéteres. Al final la anestesié como pude, después de intentarlo en las cuatro patas. “¡Esta perra va a odiarme!”, pensé.
Trabajando contra el reloj, extraje el útero infectado y gigante. La perra pesaba doce kilos antes, y ocho después de la cirugía.
Todo salió bien. La perrita era más resistente de lo que yo pensaba y se restableció a la perfección.
Eso sí, nunca me perdonó. En algún nivel de su perruna conciencia sabe. Sabe que la pinché, la corté, la cosí, le apliqué inyecciones… y ¡me odia!, aunque ya pasaron cinco años. Cuando paso por su puerta, donde remolonea al sol entibiando sus articulaciones gastadas, se levanta como un resorte artrítico y viene a mi encuentro ladrando y gruñendo enfurecida, tratando de tarasconearme los tobillos. Me acompaña toda la distancia que ocupa el ancho de SU vereda. Me lanza un último gruñido amenazante, como para asegurarse que no vuelva y regresa a acomodarse al sol, contra la pared de la carpintería.
― No hay caso, doctora, no la quiere. Se ve que se acuerda. Nosotros le decimos “es la dotorcita que te salvó”, ¡pero no la quiere!… ¡Debe tener pesadillas con usted!
Y yo con ella!
M.V. Susana Cavallero
M.N.6650
Divulgadora científica
daktari.susana@gmail.com

 

Susana cavallero

Divulgadora científica

,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>